¿Chencho?

Ilustración de Glyn Smith

 Quedó conmovida la muy sensible Patricia Samhain tras el concienzudo visionado de La gran familia, un clásico del cine español dirigido por Fernando Palacios y estrenada en el año 1962 de nuestra era. En especial le agradó el personaje interpretado por el veterano Pepe Isbert, quien daba vida a un adorable abuelillo que leía tebeos y sufría los achaques propios de su muy avanzada edad.

 Sin embargo, tras los créditos finales, una duda asolaba a Patricia: ¿qué se decía en la famosa escena donde el menor de los chiquillos escapa de la atención del abuelo tras los glúteos de una señora de muy buen ver con el claro deseo de palparlos, hacer chup chup y restregar el rostro entre ellos, inocente y lascivo a un tiempo?

 La lógica dictaría que en tal contexto abuelo y hermanos del desaparecido repetían el nombre del niño perdido, pero… ¿Y si lo que se decía era otra cosa, algo que pasó desapercibido durante décadas a oídos del espectador?

 La duda era razonable.

 El abuelo, ¿decía Chencho o Sehnsucht?

Dice Sehnsucht

 Patricia buceó entre sus legajos de literatura germánica para alcanzar pleno conocimiento del significado de la dichosa palabreja en cuestión. Así, llegó a la conclusión de que al abuelillo le iba un ardite en lo de encontrar al nieto; lo que decía era Sehnsucht y no Chencho. Ahora bien, ¿por qué? Por el intenso deseo de añoranza constante que implica dicho vocablo. Y… ¿Qué añoraba exactamente el abuelo, si no era la compañía de su nieto más bisoño? Patricia Samhain rompió en llanto; aquellas tragedias humanas podían con ella.

 Qué revelación la de la muchacha al descubrir que Sehnsucht, además de significar el deseo por el deseo, era también el título del segundo álbum lanzado al mercado por una banda musical llamada Rammstein, además de dar nombre a una de sus composiciones más celebradas. Sabiendo que aquello no podía ser una simple coincidencia, fruto del azar, se lavó los dientes y viajó hasta Berlín para reunirse con los miembros de Rammstein y comprender por qué el abuelo de La gran familia los invocaba a gritos, desesperado.

 Aprovechó las catorce horas de vuelo para conocer en profundidad a la banda, y tras escuchar unas cuantas canciones, visionar los videoclips, quedó espantada. Sin duda, los Rammstein aquellos eran unos disolutos, unos libertinos obsesionados con el sexo, o la jodienda, que diría su propio abuelo, quien había muerto tres años atrás tras un estruendoso episodio de diarreas explosivas pero seguía viviendo en casa de su hija pues se negaba a ser enterrado antes de leer el final de Canción de hielo y fuego. El videoclip de Pussy era ciertamente ofensivo para la regia moral cristiana de Patricia, con tanto mete y saca, tetas en movimiento, lametazos de alta intensidad, copiosas eyaculaciones… Era tan terrible que hasta empleó el emoticono de la carita triste para expresar su estado de ánimo en los comentarios del video. La azafata le ofreció una bebida caliente y dijo «sí, mi señora». En cambio, rehusó comer churros. No tenía el cuerpo para aquellas alegrías.

 Tras llegar a Berlín tomó un taxi hasta la plaza Alexanderplatz, muy frecuentada por mimos, malabaristas, zambomberos, ilusionistas, cuentacuentos y otras gentes de mal vivir. A punto estaba de acceder a la recepción de su hotel cuando una silueta menuda entre el gentío de la plaza llamó su atención. ¿Acaso no era aquel anciano que caminaba entre las gentes el mismísimo abuelo de La gran familia?

 No podía ser; los nervios le estaban jugando una mala pasada. Temiendo que la excitación del momento comenzara a nublarle el juicio, se dirigió a su habitación para darse un baño relajante y distraerse drogándose un poco. Tras descansar unas horas abrazada a su osito de peluche tuerto de un ojo, se acercó hasta un puesto ambulante de salchichas regentado por un enano que elaboraba deliciosos perritos calientes y solicitó uno con extra de cebolla. Se recreó, quizás más de lo prudente, en el arte de engullir la salchicha cubierta de salsas espesas. Un par de libidinosos apostados en la fachada de un sex shop decimonónico, al ver aquello, se excitaron grandemente, mas se cuidaron de acercarse a la moza española para expresarle afecto por miedo a quedar embrujados de su belleza irredenta. Patricia Samhain era hermosa incluso en los días que no existían.

 Despertó en mitad de la noche sobresaltada entre jadeos y besos a la cruz que descansaba sobre su pecho, recuerdo de su abuelita Fulgencia, mujer admirable como pocas. En sueños, había tenido una revelación: el abuelo de la película era un viajero en el tiempo y ahora se hacía llamar Till Lindemann; era el cantantede Rammstein. Satisfecha con su descubrimiento, optó por regresar a España tras anular la entrevista pactada con los chicos de la banda para desgracia de estos; parecían francamente ilusionados con la perspectiva de responder a las cuestiones que la intelectual española les plantease en ropa interior, requisito ineludible para conseguir audiencia en la trastienda de una zapatería otrora frecuentada por fetichistas de los pies femeninos.

 Patricia dedicó la mañana a pasear por la capital de Alemania, compró una piruleta, le dio de chupadas y se maravilló con la cantidad de cocodrilos que había en los parques, tomando el sol o mordiendo a los enanos que vendían salchichas. Llovió y el pelo se le mojó, no así las braguitas, que eran rosas, con dibujos de un niño japonés y cabezón enseñando la trompa con el descaro infantil que da el saberse irreal. El abuelito Isbert, desde lejos, le hizo una foto a todo color con su móvil de última generación y le añadió filtros de gatita.

 -¡Chencho, miau, miau! -exclamó el anciano. Y tras mirar a uno y otro lado para asegurarse de que nadie reparaba en él, añadió: –Du… Du hast, du hast mich.

Rammstein – Sehnsucht

Publicado por Joiel

Soy un zombie zombi.

11 comentarios sobre “¿Chencho?

    1. A veces me siento como uno de esos personalidad de Lovecraft que se enfrentan a monstruosidades indescriptibles. Por suerte, las criaturas a las que planto batalla son rechonchas, tienen acento murciano y pocas veces superan los 130 centímetros.

      Le gusta a 1 persona

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar