«De todas las formas de literatura, los cuentos de hadas dan la imagen más verdadera de la vida.»
G. k. Chesterton

Lloraba como llovió aquel día, el peor de tu vida, ¿recuerdas? Era ella una madre y la rodeaban muchos hombres, otras tantas mujeres.
-¡A mi niña se la han llevado las hadas!
Gritó. La voz rota, desconsolada, llegó más lejos de aquí y de allí. A su suerte, el viento indomable hizo magia con las palabras. Quienes tuvieran oídos y orejas puntiagudas, escucharon el verso noticioso.
Insistió la mujer. Más exclamaciones y derramamiento de lágrimas. Aferraba un peluche tuerto de un ojo. Llanto compartido por todos.
El cielo de nubes bajas, embravecidas, se oscureció de repente.
-¡No! -gritaron todas las ramas de todos los árboles, sus raíces estremecidas, las copas de los mismos.
-¡No! -gritaron las piedras, las rocas, los promontorios, musgos y helechos. Las cuevas lo hicieron con voz de tenor, las montañas, con voz torrencial.
-¡No! -gritaron la tormenta, los rayos y los truenos a un tiempo, el arcoíris de después.
-¡No! -gritó una solitaria tela de araña.
-¡No! -gritaron el riachuelo, los sedimentos, tantos peces como asomaron las cabecitas rojas y verdes y azules y doradas y negras.
-¡No! -gritó la gota de agua que resbalará por tu piel. Y la de sudor, ella también lo gritó.
-¡No! -gritaron, incluso, las nutrias. Tenían voces chillonas y estridentes. Simpáticas ellas, habían aprendido a hablar merced a las piedras, buenas maestras.
-Abran paso, señores -solicitó una rana de armas tomar, y como el asombro se dibujó en los rostros de aquellos hombres y mujeres que no hacían caso, precisó del auxilio de un cortejo de zorros y lobos, buenos amigos de otras infancias. Así, los vecinos de la sollozante hicieron caso, dando un paso atrás o dos, según.
Un silencio de colores. Una brisa inadvertida. Hábiles retazos de esencia.
Aparecieron las hadas envueltas en luz, los pies desnudos, el pelo suelto. Junto a ellas, uno de los lobos con el porte señorial avanzaba. Eran sus ojos brasas en busca de inviernos que confundir. Sobre su lomo un cuerpo, se diría sin vida. El de una niña que parecía dormida, los brazos caídos, asidos a la bestia para no caerse como se derraman las hojas en vuestros calendarios de solo doce meses.
Cualquiera de las hadas señaló el cuello de la niña. Gesto tan simple iluminó unas marcas de dedos. Ninguna soga habría llegado tan lejos.
-No fuimos nosotras -dijo el hada.
-No fuimos nosotras -coincidieron las demás hadas. ¡Qué voz, la de todas! Una bella canción de tres palabras.
Los hombres, las mujeres, prestaron atención a la madre. Sintió tantas miradas puestas en ella, temblaba. Tragó saliva, respiró hondo y escupió a las hadas, tal fue su confesión. Una nutria las apartó.
No fue un hada, tampoco un ratón de los muchos que se habían acercado a ver, dejando el queso para después. Uno de los zorros se acercó hasta la niña que yacía sobre el crujiente suelo de madera. Acercó el hocico, negó para sí y gruñó. Dedicó una mala mirada a la llorona. Empezó a lamer el cuello. Las feas marcas aprendieron a decir adiós, volvieron los colores a la piel, una flor abriéndose al paso de la primavera que en unos meses nos visitará. De la nada, una voz infantil se estremeció al decir:
-¡Me haces cosquillas!
Reía.
-¡Es magia! -gritaron los hombres.
-¡Es brujería! -gritaron las mujeres.
Nioewen entornó la mirada; inquietudes parecían sus ojos abiertos otra vez. Eran marrones, habían sido negros. Las hadas la ayudaron a ponerse en pie empleando la más dulce delicadeza. Tiempo después, jugaban juntas con la magia en el bosque.
Vistes palabras, sueños, canciones y sentimientos.
Hay días que tus dedos son poesía.
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Son las hadas, yo me limito a dejarme fascinar por ellas.
Sonrisas.
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Siempre fascinas
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Las hadas, yo no.
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Nebuloverso
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Eso soy.
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A veces
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Los hermanos Grimm me llevaron al reino de las hadas hace ya mucho tiempo. Las conocí, aprendí a confiar en la magia de sus varitas, a reconocerlas cuando se mezclan con los humanos (lo que cada vez hacen menos) y me gusta reencontrarme con ellas cuando aparecen en bellas ilustraciones, canciones místicas, o en los relatos de un tal Joiel que suele visitarlas a menudo y al que le cuentan sus secretos.
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Lo bueno del anonimato es que el rubor se puede esconder a ojos ajenos, pero gracias.
Las hadas están en estrecho contacto con la naturaleza, son la esencia misma; los seres humanos, por su parte, cada vez más reniegan del origen. Los bosques, los paisajes primigenios, las aguas, son lo que nos trajeron. Ahora se van alejando a golpe de ratón.
Sonrisas.
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Wow Joiel que hermoso 🌹
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¡Gracias! Siempre es un placer leerte.
Sonrisas.
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De nada a mí también me encanta leerte 🥰🫶🏽
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Y así pasó de niña a dulce criatura del bosque, seguro que esta existencia es mucho más risueña y divertida que la que le precede.
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Tanto que ahora se considera hada de los muchos bosques.
Sonrisas.
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Admiro a los escritores que tienen la capacidad de divertir con buenas historias y lindas narrativas. Y es definitivamente tu caso.
Me gusta y me divierte mucho leerte. Graciaaas.
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Te agradezco enormemente el comentario y la gentileza. Un placer leer algo así.
Sonrisas.
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💕🌻
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